miércoles, 16 de mayo de 2012

Scott Pilgrim’s Foolish Coolness, parte 1


DISCLAIMER.- ¡Hola! Antes de comenzar a leer, hagamos un pacto. No solamente el tratado estándar que hace tácitamente el lector al sumergirse por ocio en un texto de ficción. Doy por hecho que si estás leyendo esto eres, como yo y los amigos que colaboramos en Restart, un adepto a los videojuegos, los comics, las películas, el anime y demás placeres afines. Por lo tanto, a la Suspensión de la Incredulidad™ agregaremos los siguientes postulados que aceptaremos de común acuerdo:



-       El J-Rock es rock japonés.

-       La mayoría del anime conocido trata del proceso de madurar.

-       El manga es comic también.

-       El rock y el video han crecido juntos.

-       La mayoría del comic conocido trata del Camino del Héroe ©.

-       Scott Pilgrim rockea.

-       Se vale soñar.

-       MTV ya no es lo que era.

-       El conflicto es la esencia del drama.

-       Robotech era asombroso. Accidentalmente.





¿Listo? Excelente. El último punto es importante, debido a que hasta hace poco supe que la épica sideral en tres partes que conocimos como Robotech de este lado del mundo en realidad se trataba de tres animes completamente independientes que una distribuidora estadounidense tuvo que comprar juntos para reunir un número de capítulos mínimo para su sindicalización en las cadenas americanas. Querían la serie de Super Dimensional Fortress Macross, pero las otras dos fueron presentadas como secuelas separadas por varias generaciones, y funcionó perfectamente. No sólo nadie se quejó ni lo notó, sino que Robotech es recordada como una de las mejores sagas gracias a un poco de edición creativa, diálogos del doblaje alterados para ligar las nuevas historias, y una línea de juguetes y demás mercancía bajo la misma marca.





Pues bien, sucede que en un momento cualquiera tuve la claridad de comprender un mensaje que ya me venía haciendo eco desde que conocí Scott Pilgrim, alrededor de la idea de que me recordaba a otra historia en varios conceptos. Y esa historia, al fin capté, era FLCL (conocida como Furi Kuri y Fooly Cooly por igual). Los puntos en común eran bastantes. Y a pesar de todo, ambas narrativas pueden verse como dos enfoques de una misma temática, o como partes de una moderna fábula fantasiosa separada por un poco de tiempo y distancia que le dan sentido a la secuencia. Sip, igual que el montaje de Robotech.





Ambos relatos tienen como protagonista a un joven en proceso de reinventarse, por un lado Naota Nandaba y por el otro Scott Pilgrim. Y los dos pueden usar el bajo eléctrico como un arma, la música como canalización de poder universal. Tienen una relación difícil con los adultos al grado de que en la historia como la ve Scott prácticamente nadie tiene más de veintitantos años, y para Naota la idea de tener que llegar a ser un adulto es repulsiva aunque se esfuerza en madurar y no odiarse como a los adultos que lo rodean y que nunca crecieron, Afortunadamente, sus vidas se ven volteadas de cabeza por la aparición de una bella extranjera, en la piel de la americana Ramona Flowers y de la alienígena Haruko Haruhara, mujeres de pasados misteriosos que afectarán a nuestros protagonistas y los ayudarán a cambiar. Y todo en una pequeña ciudad apacible en apariencia: Toronto en Canadá, y Mabase en Japón.





 Tanto Scott como Naota llaman la atención de la chica de la historia gracias a tener una cabeza hueca con una conexión al subespacio, la cual es usada para facilitar el tránsito de cosas y personas. Y mientras que sabemos que Scott es bastante simple y no muy inteligente, él está muy a gusto así. Cosa que no sucede con Naota, quien trata de hacer cosas de gente mayor para no estar conforme con volverse un friki sin remedio como su padre. Lo malo para estos jóvenes es que están enamorados del mismo tipo de chica, una que vive obsesionada con alguien más y por quien ignoran a otras chicas, como Kim y Knives por un lado y la temperamental Mamimi del otro.

--- CONTINUARÁ